viernes, 7 de enero de 2022

Ganas

 Tenía ganas de escribir poesía,

pero no escribo.

Pensaba en lo irreal que parece el pasado.

En los momentos que me gustaría atrapar y que parecen una fantasía

Pensaba en los brazos que no siento cuando duermo

En la voz grave de una lengua extranjera

En la coincidencia de un lenguaje que ni suyo ni mío era

En cómo se me acaban las memorias de a poquito.

Como gotean mis recuerdos y se van con los ríos del tiempo.

Recuerdos que se vuelven fantasía

Hasta que me abrazo a los libros que sus manos tocaron

Cuando abro la caja con las rosas marchitas

Cuando hallo las fotos perdidas.

Fue un sueño con bastantes evidencias.

Un sueño que cuando al despertar

Podía tocar su espalda y sentirme segura

volver a dormir, aunque fuera lejos de mi cielo.


Un sueño que se fue 

se marcho cuando vio que no le necesitaba

jamás lo hice.

Amaba su presencia de una forma tan pura

que no lo necesitaba, lo acompañaba.

domingo, 27 de diciembre de 2020

La Karen de mi vecindario

Aunque nadie lee el blog y quien lo lea puede no conocerla, le cambiaremos el nombre por Karen.

Karen era mi vecina o quizá lo sigue siendo, aunque rara vez la veo. Somos de la edad, aunque ella luce mayor. No creo que la vida haya sido fácil para ninguna de las dos pero Karen, tratando de compensar, presumía superioridad. A veces yo la sentía más agresiva conmigo. 

Éramos compañeras en un bachillerato para señoritas. La suerte nos hizo caer en el mismo grupo. Su suerte y mi desgracia. 

La economía en la casa no era buena y yo solía vestir como podía con lo que tenía. A pesar de eso, teníamos un coche. La mamá de Karen es viuda y solía andar con una cajita de pan ofreciéndola en distintos negocios y por las mañanas aseaba un preescolar o algo así entendía yo. 

Mi papá se ofreció a llevarnos a la prepa y por tres años tuve que soportarla. Escuché cada una de sus anécdotas con despreció y dejé de ser empática con ella. Su estúpido intelectualismo cristiano me parecía repugnante. Me parecía ridículo cómo hablaba de la vacunación homeopática y se negaba a asistir a la escuela cuando había una campaña de vacunación. 

Mi desprecio hacia ella comenzó cuando un día su vecino de enfrente y yo comenzamos a platicar y al comentárselo me miró de pies a cabeza y respondió "--Alguien como él no se fijaría en alguien como tú ". Cabe aclarar que yo era nueva en el vecindario. Estaba conociendo gente. 

Me gustaba burlarme de ella con mis amigas, verla cómo presumía que su padre había sido médico y su madre era maestra de kinder. Cuando yo sabía que nada de eso se acercaba a la realidad. La soporté cada mañana. A veces prefería levantarme más temprano e irme en autobús. Me molestaban sus intentos por corregirme en las exposiciones, que me tachara de ignorante. Tal vez lo era, o no. 

Hay cosas que nunca cambian, por ejemplo, en medio de la pandemia verla en la calle o en la tienda sin una mascarilla, la miro con rechazo y sigo mi camino. Poco me interesa su saludo. 

viernes, 4 de septiembre de 2020

El niño que no era vírgen

 

Recuerdo mis años de primaria, en quinto grado sobre todo, antes de cambiarme de escuela y de que, sin darme cuenta, mi vida también lo haría. De por sí ya tenía una infancia medio jodida donde el sólo hecho de existir era un reclamo, inadaptada en la escuela, con el llanto en la puerta ante la inminente amenaza de abandono y terminar rodando de casa en casa... Pocos eran los amigos que me permití hacer entonces... y ahora también.

Esa semana llegó Alejandro -tal vez Alex o alguna variante del nombre - Me pareció chistoso que fueramos dos con el mismo nombre, por lo que empecé a hablarle. Me gustaba pasar el rato en el salón con él, nos sentaban juntos, nos prestabamos el material y me ayudaba de cierta forma a divertirme en clase, aún cuando la escuela no me gustaba en esa época. Me acuerdo que la clase casi no lo quería, era muy inquieto, rara vez traía el uniforme y era mal hablado. No se trataba de ningún colegio o escuela exclusiva, sino una pública, de un barrio feo. En una en la que era un lujo tener un baño decente para orinar.

Cierto día Alejandro hizo un chiste, nadie le hizo caso, eran él contra algunos niños del salón. Los niños hicieron burlas sobre él y él desesperado gritó "-!Al menos yo no soy virgen como ustedes!". Yo sabía entonces lo que quería decir no ser virgen, no sabía cómo era un acto sexual, pero sabía que al tenerlo dejas de ser virgen. Por semanas su grito me generó inquietud, poco a poco nos dejamos de hablar. Especialmente cuando notó que mis pechos se desarrollaban, me quiso elogiar y yo me senté en otro lugar.

Hoy me acordé de él. Extrañamente apareció esa historia en especial. Poco recuerdo de su anécdota sexual, algo sobre una prima que venía de otro lugar. Era un niño de diez años que se sentía superior al resto de la clase por haber tenido sexo. No creo que lo estuviera, de alguna forma él ya sabía que debía sentirse orgulloso, que era algo que los hombres presumen. Quizá lo oyó por ahí. Lo que yo miro hoy, es que donde quiera que Alejandro esté, se trata de un hombre en sus treintas cuya infancia se vio destrozada, que era un inadaptado y no por su culpa, sino por la culpa de quien le hizo creer que debía presumir su propio abuso. 

No sé si aún viva, no sé qué más le habrá hecho la vida para saber en qué tipo de persona se convirtió. Espero que de alguna forma las cosas mejoraran para él. La última vez que lo vi fue en secundaria, coincidimos en la misma, él iba en la tarde y a los pocos días yo conseguí una permuta para el turno matutino. Coincidimos una vez más en una tardeada, yo ya estaba desarrollada y había otros adolescentes con quienes convivía, él seguía luciendo como el mismo niño de diez años que no era virgen. 

Ojalá nos preocuparamos más por la calidad de vida que tienen las infancias.

miércoles, 19 de junio de 2019

Las #&/% planeaciones

Tenía en mente comenzar a escribir, seguro alguna tontería de mi día a día. Casi siempre estas ganas de entrar al blog y escribir acerca de todo o nada me invaden cuando tengo que hacer las planeaciones, el problema es que hice primero las planeaciones y ahora no recuerdo de qué tenía ganas de hablar. Así que platicaré sobre ser maestra.

Al inicio yo no tenía ganas de dar clases porque sabía que los niños llegaban a desesperarme e inquietarme. Que ahora ya les tomé paciencia, sé cómo trabajar con ellos, cómo atender las necesidades que les surgen en el aula. Yo estaba recién graduada de psicología y seguía escribiendo cuentos de forma religiosa, cuentos que adoraba hacer. Pero no encontraba empleo, el apoyo de casa lo vi disminuir y con justa razón; ya que durante la carrera no necesité trabajar y si lo hice fue por más motivos personales que económicos. Porque aunque teníamos lo justo y muchas veces vestí medio con harapos, de una u otra manera, comida y estudios no me faltaron.
Llevo ya siete años dando clases, empecé como maestra de educación especial, lo cual me fascinó hasta que me cambié a un centro con mayor sueldo pero no me adapté nunca, me sentí sin mucho apoyo, pero eso es harina de otro costal. El hecho es que muchas veces termino arrastrando los pies del cansancio por los dos empleos que tengo, en las mañanas con un sueldo bajo y un colegio con excelente ambiente laboral (bastante difícil de hallar). Y, por las tardes, ya estoy con asesorías psicológicas y las clases de Inglés privadas. Nadie dice que es fácil. Me agrada ser maestra, pero qué cansado es tener dos empleos y llegar a casa a planear en lugar de escribir algo tetricamente lindo. 

miércoles, 12 de junio de 2019

Cómo superar una ruptura amorosa

Son las once de la noche, la humedad del rostro llega a tus labios con un sabor salado y viscoso por la mezcla de mocos y lágrimas que te invade en el día. No se trata de la idílica imagen de la "cara de ángel" con el rimel corrido hasta media mejilla con el pañuelo en la mano, sino de ti, que tienes hasta el brasier moqueado.

¿Qué hacer para calmarse?

Bien, porque en lugar de hacer las planeaciones, estoy aquí contándoles una anécdota con toques de ficción (o no...😬🙊). Gocen porque puede que ni planee y tenga que improvisar con mandalas el resto de la semana. Así que vamos, 5, 4, 3, 2...

Ya te dolió hasta lo más profundo de tu ser que llega justo a las entrañas donde las tripas se te retuercen y excretan la material fecal. ¿Qué hacer? Ya le lloraste al hombre de tus sueños que al pasar los años te darás cuenta de que sólo tenía cuerpo de perro parado. Pero qué importan los días futuros si bien podríamos morir mañana, así que te presento la receta mágica para olvidarlo, pero cuídado con los efectos colaterales.

Ya sécate el moco con lo primero que halles, ya perdiste la dignidad, así que si quieres aviéntalo como albañil al suelo, tú trapeas, ni quién te reclame.

Nadie te mira, estás sola en tu cuarto, prende la tele. ¿Hay algo bueno? Explora canales, busca hasta en aquéllos que no deberías ver. ¿Película erótica? Nadie te juzga, dale. Muy bien, chica de tabledance, enamorándose del chofer, el chófer y la amiga tienen una especie de frotamiento extraño que pareciera porno cristiano y es interpretado como sexo, la protagonista huye lejos... lo extraña, como tu extrañas al narigón ése que te hizo encabronar... cambia el canal. Ok, este canal sí tiene acción... es trucutrú real... se ve bien, todo marcha muy bien, ya estás tranquila, la película tiene buena trama, ¡Vaya, eso es nuevo! pero si eso es nuevo... ¡Ese actor... esa cosa... ! ¿podría ser él? No no no. Cambia canal, qué haces, no esperes ver su rostro, cambia el canal, busca a los teletubbies, anda... ¿Será tu ex o un doppelganger genital? Al menos el actor también tuvo cuerpo de perro parado.

lunes, 18 de marzo de 2019

La lucidez del vino tinto

Llevo un buen rato aquí sentada, y como tres días pensando en sentarme y comenzar a escribir. Han pasado tantos meses sin una publicación, o tal vez no. Bueno, en un principio este blog era para subir poemas o mini relatos, pero en realidad, más por la falta de lectores y mi pereza por conseguirlos, haré hoy por día una especie de crítica a los sucesos de la vida diaria. Pues sí, como un diario o bitácora de la cotidianidad que se aparece ante mis ojos. Lo que se supone que un blog es, aunque ya no se lean, aunque ser youtuber sea de moda mi tímidez no da pa' más.

Platiquemos, estoy con una taza de vino tinto -porque por una extraña razón sólo uso tazas - y canciones de Chavela Vargas, sentada en mi cama, sin presión alguna por dormir, por ir a un trabajo que en realidad parece un tormento. Entre los sorbos y cruz de olvido voy recordando la última vez que abri una botella nada más porque sí. Ese día no había comido otra cosa que no fueran jicamitas y palitos de zanahoria. Salí del trabajo, cansada y en la escuela no había mucho qué hacer, así que no fui. Me abrí la botella y como caguama comencé a beberla. Pensé que ya había pasado bastante tiempo sin probar gota de vino. Aclaro que emborracharme no es el objetivo, sino ese efecto de anestesia, que relaja, que provoca un calorcito rico y la música se apodera de los sentidos. Así, como ahora mejor será partir, prefiero así que hacerte mal. En fin, que como en ese día, hoy también usé el tiempo sólo para mí.







Pero es que ¿Cuánto tiempo sin ser dueña de mi tiempo? No entiendo los colegios, en verdad ha parecido esta travesía que va de mal en peor. La carga de trabajo aumenta y los sueldos no son un oasis. Sirven para sobrevivir, pero es que este último se ve y se siente bastante esclavista. Siento a mi jefa justo como mi ex novio el manipulador hdp  porque justo en el momento en que quiero marcar el límite aparece con historias donde es la víctima y en el preciso instante en que ejerzo las cosas tranquilas me sale con un chingadazo de superexigencia donde haga lo que haga ya la cagué.

Entiendase que tampoco soy víctima, ya que estoy por dedicarme sólo a lo mío, a ser dueña de mi propio tiempo, como ahora, que abro una botella de vino tinto y me lo tomo en taza de forma decente o me lo caguameo de un trago hasta el vómito. Es una aventura llena de enigma, dedicarme sólo a mi autoempleo que de ser sólo vespertino ahora será tiempo completo. No tendré al dulce IMSS, ni al INFONAVIT con sus fortuitos préstamos caciques. Ser dueña de mi tiempo tiene un costo y es renunciar a la comodidad del sueldo religiosamente quincenal; sin embargo, también renuncio a una jefa chantajista que se pasa las necesidades de los profesores por el arco del triunfo, a padres de familia que están acostumbrados a ser autoridad en un lugar donde no deben serlo.

Esperen... ¡piensa en mí cuando sufras, cuando llores también piensa en mí! 

 No lo sé, amigos, lectores y gente que por una extraña casualidad está aquí. Estoy a una semana de dejar de ser maestra Godín que se enfrenta cada mañana al tráfico de López Mateos, donde hay alteraciones del espacio tiempo y el universo juega en mi contra cuatro de las cinco veces que voy al trabajo, donde llego tarde la mayor parte del tiempo, porque salí tarde por estar segura de haber vaciado el intestino y la vejiga, no vaya a ser que quiera ir al baño en la chamba y esté ocupado o sucio como de costumbre, o bien, porque en el camino hay un choque o a alguien simplemente había tráfico. Ahí es donde sé que "la vida es un riesgo". Estoy a una semana de dejar ese lugar. A una semana de estar independiente nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores, otra vez a brindar con extraños y a llorar por los mismos dolores...

Veré cómo es la vida aventándome sólo en lo que tengo, veamos qué sucede... Última semana de trabajo.

...qué al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas, esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón. Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida, entonces parece como están de ausentes las cosas queridas...

martes, 23 de octubre de 2018

Octubre

Y lo recuerdo con el clima frío, cuando sus palabras se volvieron huecas, cuando eran destellos sonoros de promeses que no se cumplirían. Mis ojos llorosos, la culpa de algo que no sabía qué era. Era por ser yo, él sufría por el sólo hecho de que era yo. No aceptaba mi forma de ser, mis manias, mis hobbies, mis planes, mis talentos, mi pasado... sobre todo mi pasado que nada de malo tenía, que lo único malo ahí era su incapacidad para controlar el tiempo y no haberse instalado con anterioridad.

Yo jugaba a morirme y él jugaba a matarme. Pretendía jugar al mal herido cuando de la nada se iba y aparecía con las lágrimas a flor de piel, con una sonrisa falsa, con una caricia forzada. De nuevo las palabras huecas. ¿En qué falta de amor nos refugiamos cuando aceptamos la humillación de quien aniquila todo a su paso?

De nuevo estaba ahí, en un octubre frío, con el cuerpo en la alberca, con los ojos hinchados tapados por los lentes y me escondía en la brisa y el humo del agua caliente. Se me iba la energía, se me iba el aliento y volvía a casa, para tenerlo fuera, esperándome en el coche, para que me gritara una vez porque mi vida seguía y pensaba que sin él. Para echarme en cara los mensajes y las letras, mis gustos y mis errores. Lo tenía enfrente de mí inventándome remembranzas de sus fantasías, de cosas que jamás hice.

Le pedí que se fuera, que dejara las llamadas, los reclamos. Que buscara a alguien más, que pidiera ayuda. Que me dejara en paz. Pero no se iba, pensaba que eran amenazas vacías, me provocaba y me molestaba. Me imputaba todas sus expectativas insatisfechas. No podía sentirme enferma o con malestar porque entonces él lo tomaba como un chantaje. Seguía sin irse.

Un día me cansé de los ultimatums, me cansé de esperar y que no llegara. De no contar con él, de que me quisiera devorar en el mundo de sus inseguridades. Cabe hondo en mi sentir, en lo que soy y en lo que solía ser. Me levanté y desaparecí. El teléfono seguía timbrando. Me acusaba de abandono, de insensible, de exagerada, de enferma, de histérica... Volvía timbrar, ahora me amaba, me extrañaba, me sentía parte de su vida... Volvió a timbrar miles de veces, cada lunes a las seis, pero yo dejé de contestar.


domingo, 19 de agosto de 2018

Noches de insomnio

Agosto 19

Había pensado en abrir mi cuaderno, en el que siempre escribo y transcribir algo aquí. Pero con los pendientes del trabajo y la procrastinación que se me ha hecho vicio, estoy aquí,  con la cabeza a mil por hora y una terrible preocupación de no despertar a tiempo para ir a trabajar.

Volvamos al cuaderno ese que llenaba religiosamente todos los domingos o días que me daba la gana escribir algo. Los cuentos esos raros de crímenes y prostitutas que un día se fueron extinguiendo y sólo aparecían pequeños párrafos o poesías. No se malentienda, la poesía me agrada, pero escribir sólo poemas no es algo que yo solía hacer.

Pensaba hoy subir alguna cosa que nunca publiqué por miedo a que me lo robaran y, pues, es evidente que no lo hice por prepararme el lunch de mañana.

 Y bueno, aquí estoy casi a media noche pensando que me debo levantar a las cinco de la mañana y que no escribí nada a excepción de mi frustración.

Ahí me comparten sus frustraciones en los comentarios.

domingo, 27 de mayo de 2018

Charla con Dios

Y me senté tranquilo, hablando con Dios, ¿Qué podía pedirle o preguntarle yo a un ser infinito?

¿Cómo se escucha a un color que se deshace y hace, que se pierde en una sonoridad o aparece en el estremecimiento?

Pensé por largo tiempo en un silencio incómodo, ´¿qué lo hace ser lo que es? ¿Cómo encarnas una palabra y emulas un idioma que no inicia?

Me quedé mudo y en silencio cuando en la luz y en la oscuridad solo estaba yo. Aquí, sin añadidura, otro pensamiento, en el vacío total se queda mi existencia.

No hay arquetipo supremo, no hay el máximo de la esencia y existencia. ¿Qué juego de la evaluación conlleva ese razocinio ininteligible? ¿Qué teoría mecanicista se abre para decirme a mí que hay un algo más allá, un ente transhumano que sea mi reflejo perfeccionado?

¿Estoy acaso hablando con Dios cuando hoy he entablado mi más sincera plegaria al elevarlo por encima de los conceptos filosóficos como una metaconstrucción primitiva y elaborada de la imaginación dinámica del ser humano?

domingo, 20 de agosto de 2017

sábado, 12 de agosto de 2017

Madrugadas

 ¿Cuántas veces sincronizó la gotera con sus parpadeos? ¿Cuántas el tic-tac del reloj con sus latidos? ¿Cuántas calló su respiración para volverse imperceptible? Perdió el número mientras mataba a los impulsos de su cuerpo para que no se moviera. Estaba ahí, contando los minutos para ver la luz del sol. Ahí, en ese cuarto oscuro, prisionero de la incertidumbre. Tenía ganas de cerrar los ojos y soñar, soñar, perderse en cualquier sueño, aunque fuera una pesadilla y despertara bañado en lágrimas. ¿Y qué? que al cabo ya lloraba todas las noches. ¿Qué importaba? Si ya mojaba la cama todos los días con ese sudor nervioso que le atormentaba una hora después de haberse adormido.

Una hora, sólo una hora para despertar y mirar de nuevo el techo, la luz de los electrodomésticos,  la cortina del cuarto sin puerta, el cristo al que rezaba, y, por su puesto, sus pies bajo las sábanas. Qué pesadez aquella que le provocaban los dedos, esos, lejos de sus manos, esos que hormigueaban... qué ansias de salir a caminar por la casa, de sentarse un rato frente al televisor y no importaba no encenderlo si podía imaginar que estaría viéndolo. ¿Pero qué se hace cuando se es el extraño? El extraño, no invitado, no requerido, solamente el que llegó así, al que le hacen el favor de estar ahí...

Otra vez a llorar, sus murmullos se escuchan angustiados, ¿A quién le grita en silencio? Ya no mira el cristo, ni la puerta, ni las sombras, tiene los ojos cerrados. tiene las manos sobre el pecho, los pies contraídos y su respiración forzadamente controlada. Es un monstruo el que le susurra al oído, no lo ve, no lo escucha, pero su peso lo aplasta, como si tuviera el techo por cobija...

Él no quiere esa cama, esas cobijas, ese techo, esas sombras, ese silencio. No quiere contar goteras, ni repasar las lecturas del colegio en su mente, ni esperar a los primeros rayos del sol. Quiere irse, quiere estar seguro. Quiere ponerse el uniforme, salir de ahí caminando con la mochila en su espalda, llegar a la escuela y tener nuevas lecturas, nuevos cuentos e historias que no tenga que repasar en la noche... quiere salir del colegio y ver a alguien que lo espere, quiere irse a casa, donde quiera que eso sea.

viernes, 21 de abril de 2017

My soul

Sometimes my soul goes away. It leaves my body, my heart, my dreams, and my hope... sometimes I want it so far away from me...

I know where it goes.
I can feel when it is breathing from another mouth.
My soul fell in love in a strange world.

I wish I could give it my body, my heart, my life but I have these deep roots and it has those huge wings...

The best thing I could give it is its freedom.

domingo, 5 de marzo de 2017

7 Pasos para morir

Todos somos suicidas de clóset, todos hemos hecho algo que puede matarnos lentamente, TODOS. ¿Por qué? ¿Serán acaso las pulsiones de muerte que Freud enunciaba? ¿Estaremos, entonces, retando a la vida a ver qué tanto aguantamos y nos aguanta? Nos encanta sentirnos salvajes, porque no podemos decir que se trate de algo valiente o cobarde, pero sí visceral. 

Justo ayer, vi a un hombre caminando a la orilla del canal de patria, lo miré largo tiempo deseando no perderme el momento en que se aventaría sin pensarlo, sin retorno, sin síntoma alguno de la razón que puediera detenerle. Al final no lo hizo, sólo recogía basura. Pero me hizo pensar ¿Qué sentirá alguien cuando va cayendo desde lo alto de un edificio? No lector, esto no es ideación suicida. La falta de emoción, de vitalidad nos hace preguntarnos tonterías. Imagíneme usted a los veinte años, cuando tenía ni puta idea del mundo laboral, cuando mi vida era la universidad, mi trabajo como mesera, mi programa de radio por internet (cuyo nombre de la estación he olvidado) y sobre todas las cosas, mis cuentos, esos que escribía a diestra y siniestra, esos poemas que me atravesaban, que aunque malos, me hacían soñar y elevarme. Sí, lector, era una cosa joven, llena de creatividad. 

Las cosas terminan a veces después de que el título universitario no abre puertas, cuando los empleadores te tienen trabajando día y noche sin parar y al final del día te das cuenta que debes trabajar más porque el dinero no es suficiente. Así que aquí vamos con las formas más lentas de ir muriendo sin que nadie se percate de que se trató de un suicidio, donde la gente se da cuenta de que uno se dio en la madre trabajando, que desde luego no es un cumplido, sino un acto de pendejismo.

1. Trabaje y trabaje, dé lo mejor de sí, ayude a sus compañeros hasta treinta veces al día explicándoles cosas básicas que todo mundo debe saber y ellos no aunque tengan un sueldo mucho más alto que el suyo. Esto nos lleva a que invierte tanto explicando que no termina sus labores a tiempo y debe llevar trabajo a casa.

2. No duerma, desvelese trabajando, pase sus fines de semana trabajando, trabajé más y más. Verá, el primer día sólo tendra una somnolencia ligera, el segundo un poco más severa, pero usted seguira pensando que llegará el fin de semana y repondrá energía.

3. Como usted no ha dormido, beba café, una taza, dos, tres litros, Beba, el fin de semana no fue sufiente para reponer, siga bebiendo.

4. ¿Sabía usted que el café genera ansiedad? Pues sí, ahora coma azúcares, muchos, baje su ansiedad tragando como un vil cerdo. Siga.

5. ¿Está engordando verdad? No tiene tiempo de ir al gimnasio. Si ya no duerme bien, pues ahora duerma menos y levántese una hora antes para ir a correr.

6. ¿Depresión? No. Eso hablaría mal de usted como empleado. No renuncie, por más deprimido que esté no lo haga, ¿Quién pagará las deudas? No es fácil encontrar empleo hoy día.

7. Paciencia y Persistencia. Siga así, ignoré cualquier síntoma. Dése en la madre como la persona valiente y honrada de clase media-alta que le enseñaron a ser. No tomará muchos años. Tendrá un paro cardíaco garantizado.

¿Ya contrató un seguro de vida? Este suicidio sí es válido para ellos.
Imagen extraida de http://cocinamedicina.es/wp-content/uploads/2015/06/fatiga.jpg

martes, 29 de noviembre de 2016

Que si te extraño...

¿Te extraño? Me lo preguntas con tu ausencia. Me lo preguntaste desde el día que te vi desaparecer por la noche, con tus pasos seguros entre las calles oscuras.
No te extraño. Pero sé que te lo preguntas con cada melodía, viento, hoja y objeto que tocan tus manos. ¿Me extrañas? No puedo preguntármelo cuando conozco que tus dedos rozan mi nombre sobre el teléfono y entre tu orgullo y la pericia decides guardarlo.

Nos extrañamos con el sentimiento nefasto de quienes deciden marcharse. Cortamos las raíces, no hay gritos austeros que lleguen a nuestros oídos. Te entierras bajo el manto de la memoria. Sangras y te deshaces sin el porvenir de mi presencia.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Fantasmas

Yo quisiera pasar los años y no que los años me atravesaran en su incesante desliz por el mundo. Que las copas no me hicieran recordar tus palabras arrastrándose por los tímpanos. ¿Cómo dejarte si al escuchar tu nombre los labios se parten para no gritar desahuciados? ¿Cómo hacer para que el rojo del atardecer acabe con los recuerdos? Somos fantasmas, de esos que se saben vivos, pero que entre penumbras se desvanecen. Somos lo que fuimos y lo que seríamos en una realidad que no conozco. Una muerte reencontrada con abismos y soledad...

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domingo, 21 de agosto de 2016

Miedo

Purgatorio, Gustave Doré

Cuando oscurece tengo miedo de las sombras. Me da miedo ser lo único vivo aquí. Hay una terrible sensación de perder mi alma entre monstruos que se acercan. No puedo cerrar los ojos porque puedo ver sus afilados dientes mordiendo mi carne.
La escopeta no sirve cuando no se sabe quién es el enemigo.  Puedo perderme en este mundo sin que se sepa que ha sucedido, sin un alma que lea las cartas de auxilio, las cartas que están en cada parte de mi piel, de mi cuarto, en cada máquina, en las cuentas… Es un mundo lleno de luces que no iluminan, de gente que momificada se siente viva. ¿Quién se mira?

¿Se puede dormir cuando los sonidos se callan? Son mis oídos sordos en un lugar donde se arrastran los rezos de mis padres. No puedo verlos entre tantas sombras, no hay umbral alguno que pueda avisar que se vive. ¡Qué largas son las noches cuando no se tiene a quién rezar! No hay un Dios que aplaste a los hombres con sus palabras. Son los hombres quienes destrozan el habla, quienes lo reducen como bestias salvajes. No se puede vivir ya en estas noches de hambruna, en la soledad pura sin saber si hoy pereces o sigues viviendo. 

¿Qué juego sería este sin una fecha de caducidad? Todos se quieren divertir jugando, cuando no hay ganador seguro. Cuando los vientos pueden girar repentinamente y derribar los muros donde hemos depositado nuestra existencia. Sigo preguntándome qué hago aquí, como si no se lo hubieran preguntado desde el paso del hombre por el mundo, como si nadie se detuviera a sentir lo absurdo de la realidad. He cuestionado a las sombras pero no responden. Nadie habita mi piel esta noche, nadie sucumbe de dolor ante los dedos rígidos que poco pueden escribir, ante la sangre que llueve en las tormentas. ¿Quién se muere en un lugar donde todos lo están?

Los gritos parecen ahogarse, no puedo callar mi respiración, es un sonido que interrumpe, que taladra todo movimiento sigiloso de las sombras. No puedo callar los latidos de mi corazón, ni la sonoridad de la lluvia. ¿Qué pasa con este cielo que no me deja  descansar? No sé a quién veré cuando la puerta se abra y el silencio termine. No sé si he de vivir con una cruz sobre la frente o descansar con ella en el pecho. ¿A quién se le ocurre que la vida se deba cuidar con zozobra?
¿En qué purgatorio deposito mi alma? No hay cura para los afligidos que se han quedado atrapados entre mil y un abismos. ¿De quién me defiendo cuándo se abra la puerta?

Alejandra Herrera

lunes, 16 de mayo de 2016

Peces Beta

Tengo unos meses trabajando en un preescolar. Fue rara la manera en que llegué ahí. Los veía como pequeñas bestias capaces de devorarme. Aprendimos a convivir unos con los otros durante la media hora al día que nos vemos. Más de cien caras y voces extrañas en una jornada laboral completa. Los que aún no se acostumbran a nosotros son los peces y las tortugas. Los he analizado. Son pequeños peces Beta en un tanque de no más de un litro. Unos son más tristes que otros. 

Me gusta verlos, cómo las educadoras los van olvidando hasta antes de mandarlos a la casa de algún niño emocionado y un papá desdichado. Pienso que muchos de ellos no son más que el reemplazo, la copia exacta de alguno que se fue por el desagüe cuando lavaban la pecera. Tal vez esa suerte tuvo la tortuga... la que desapareció. Hay otra, es la misma, la de siempre. Con su caparazón seco, las piedras malolientes. Reviso los trabajos de los niños y regalo un vaso de agua a los solitarios animales acuáticos.

No los entiendo, pensé que el pez beta del aula tres había muerto, el agua apenas lo cubría, no había movimiento y lancé sobre su cuerpo el chorro de agua pura, comenzó a nadar. Pude descubrir que los peces también tienen jaulas. Sus aletas se entumen en el fondo del tanque, se hunden, se asfixian con sus propios desechos. Los peces también tienen alas y pueden volar, no sé si tan alto como los sueños humanos o bajos como las aves rapaces.

Los veo morir todos los días, así como yo, cuando suena la alarma, cuando me visto rápido, cuando desayuno algo porque sé que no lo haré en ese preescolar donde no se han enterado que la Revolución trajo jornadas de trabajo más justas. Ahí donde las maestras se devoran unas a otras y el jefe busca contar sus penas y culpar de sus problemas a medio mundo mientras a escondidas manda mensajes al personal nuevo buscando a la primera que acepte algo con él. 

Al fin de cuentas es un lugar triste, donde los peces no pueden volar, ni los que tenemos alas de Beta, o espiritu inquebrantable de tortuga. Todos se vuelven animales carroñeros, incapaces de subsistir por su cuenta, incapaces de volar, se arrastran por los suelos agrietándose la piel hasta dejar los desechos entre los pequeños pupitres... ahí donde los niños tratan de vivir, de pensar, de jugar, de aprender, de amar, de volar... ellos notan que las alas se rompen. Tienen el corazón tierno, por eso sobreviven. Pero en las últimas semanas han olvidado a los peces, juegan con pequeñas pistolas de papel, pelean, golpean y poco a poco han dejado de mirarse...

Hice un pacto con los animales, debemos aguantar un par de meses más, solo sesenta días. Debemos sobrevivir, tal vez pueda robar a la tortuga, tal vez deje de tener el caparazón reseco... no podré salvar a los peces, tendrán que volar. Ese lugar se derrumba sobre la cabeza de todos. Perdí a los niños, perdí a los peces y perdí las alas...

domingo, 24 de abril de 2016

Sunset

¿Por qué  nos encontramos ahora cuando nuestros brazos abiertos se ausentan con el sol? Nos encontramos para olvidarnos como quien olvida el primer pensamiento de la mañana. Como quien pasa por  las calles sin mirar los detalles...
Nos llenamos de recuerdos para olvidar lo que fue, lo que pasó en una vida con angustias. Dicen que siempre se olvida con el paso del tiempo. Pero el tiempo sólo trae polvo para enterrar los viejos anhelos, para lacerar las vidas que se cortan, las que nacen.
Estamos para no estar. Tus ojos me miraron porque no me verán nunca más. Mis manos te tocaron para no volver a hacerlo. Esa es la nostalgia. Ese es el amor profundo. El que se va, que nunca regresa, que se ahoga en desolación.
Nos miramos para que una noche veamos otros ojos y recordemos los nuestros. Para que con las sonrisas ajenas apretaramos los instantes felices y nos forzaramos a desenterrar el pasado.
El pasado muere junto con nosotros que sólo arrastramos memorias...
Ojalá cada atardecer fuera el mismo con sus manchas multicolores por el cielo, con las flamas que consumen el día para dejar a los astros que nos miren con esa luz que ha viajado por los cielos y que en algún punto se extinguirá. Pero yo me pregunto ¿Te llegará mi luz? Porque me enciendo cada noche enunciando tu nombre, desgasto mi aliento con las flamas que te nombran y tú no respondes. No veo tu luz ni cuando me paro entre las sombras, no puedo oír tu nombre en ninguno de los ecos del silencio.
¿Será mi destino encontrar otros ojos que me miren sonrientes cuando me alejo? Qué es la soledad sino la recapitulación de las ilusiones muertas. Todo muere y se va, se entierra, se pasa bajo nuestros pies hasta llegar al cielo donde las nubes lloran y nos inundan los días, recordándonos que también partiremos hacia la incertidumbre del olvido.

domingo, 17 de abril de 2016

Cometas

¿Qué se llevarán los años de nosotros? Si al pasar el viento, cubren; si al pasar el agua develan y al pasar la juventud, marchitan.

¿Qué cambian los años en la humanidad? ¿Qué es para un ser que no los mira y se envuelve entre la paz y el silencio?

¿Qué es esta vida sin la flor que sale de la tierra? ¿Qué ha sido de ti? Nada. El amor, el ciego, el simple, el autoengaño.

Barcos entre nubes que al pasar la mañana se alimentan en senderos resecos de una cruz que se encaja, que se devela y se arranca. Ancla de los mortales, prisión de los amantes.

¿Dónde estás? Si cuando el Sol abre la mañana no aparecen tus ojos. Sólo están los rezos preocupados de una madre desolada. ¿Dónde estás? Si al cruzar cada sendero tus huellas se borraron, si tu voz se ha vuelto un eco en las memorias del pasado. ¿Dónde estás? Si a cada paso llega el olor de tu cuerpo y el color de tus ojos. ¿Dónde te escondes? ¿En qué lugar postraste tu cobardía?

¿Pensabas en tu madre mientras le arrancabas la ropa? Seguramente. ¿Quién deshojó tu cuerpo? No fue su culpa y lo pagó como si lo hubiera sido. ¿Sigue tu madre rezando por ti? Los murmullos rezan por ti cada día cuando se elevan los cometas, suave frío y sin fe. Sólo estático, sólo de pie, sosteniendo la plegaria al viento. ¿Moriste? Ojalá. Ojalá sólo seas una coraza, un reflejo de lo que fuiste.

¿Sigues llorando a tu amada? Seguramente la recuerdas acostada sobre la cama, mientras reían, mientras hablaban de los hijos que no tuvieron, las horas que no pasaron caminando, hablando o intimando. Lloraron por la estupidez de los ciclos, de la vida y de la humanidad. Lloraron por la noche en que sus manos se tomaron y por la mañana en que se soltaron.

Se elevaron como cometas, tan lentos sobre el viento. Volaron mientras las manos se comían las ansias de tocarse, volaron con los cantos de las amantes, la que ganaba y la que perdía.
Mientras los años vuelan, la vida renace

martes, 5 de enero de 2016

Perdón

Encarné el sueño que siempre debí tener,
Encontré de cerca el rostro que anhelé,
Miré con profundidad el silencio de su alma,
abracé con mis besos el aliento de su cuerpo,
Sorprendí con una sonrisa a todos sus rencores,
Elevé en un suspiro a nuestras almas atrapadas,
Grité la paz mientras caíamos con los recuerdos.
Lo perdoné como perdonan los sabios,
Vi a mi dolor como se mira a la vida,
Sostuve mis cicatrices como una madre a sus hijos,
Froté nuestros silencios como el mar a los barcos.
Lo amé,  como solo yo supe amar.
Lo perdoné a él, a su sombra clara;
Lo perdoné a el y a sus fantasmas ;
Lo perdoné a él y a todos los que fueron como él.
Se consumió el rencor, la ira, la nostalgia...
Se evaporó el dolor con las noches de lluvia,
se largaron la desesperanza y las angustias.
Nos acabamos nuestra historia,
partimos con lo que fuimos y lo que pudimos ser.