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viernes, 4 de septiembre de 2020

El niño que no era vírgen

 

Recuerdo mis años de primaria, en quinto grado sobre todo, antes de cambiarme de escuela y de que, sin darme cuenta, mi vida también lo haría. De por sí ya tenía una infancia medio jodida donde el sólo hecho de existir era un reclamo, inadaptada en la escuela, con el llanto en la puerta ante la inminente amenaza de abandono y terminar rodando de casa en casa... Pocos eran los amigos que me permití hacer entonces... y ahora también.

Esa semana llegó Alejandro -tal vez Alex o alguna variante del nombre - Me pareció chistoso que fueramos dos con el mismo nombre, por lo que empecé a hablarle. Me gustaba pasar el rato en el salón con él, nos sentaban juntos, nos prestabamos el material y me ayudaba de cierta forma a divertirme en clase, aún cuando la escuela no me gustaba en esa época. Me acuerdo que la clase casi no lo quería, era muy inquieto, rara vez traía el uniforme y era mal hablado. No se trataba de ningún colegio o escuela exclusiva, sino una pública, de un barrio feo. En una en la que era un lujo tener un baño decente para orinar.

Cierto día Alejandro hizo un chiste, nadie le hizo caso, eran él contra algunos niños del salón. Los niños hicieron burlas sobre él y él desesperado gritó "-!Al menos yo no soy virgen como ustedes!". Yo sabía entonces lo que quería decir no ser virgen, no sabía cómo era un acto sexual, pero sabía que al tenerlo dejas de ser virgen. Por semanas su grito me generó inquietud, poco a poco nos dejamos de hablar. Especialmente cuando notó que mis pechos se desarrollaban, me quiso elogiar y yo me senté en otro lugar.

Hoy me acordé de él. Extrañamente apareció esa historia en especial. Poco recuerdo de su anécdota sexual, algo sobre una prima que venía de otro lugar. Era un niño de diez años que se sentía superior al resto de la clase por haber tenido sexo. No creo que lo estuviera, de alguna forma él ya sabía que debía sentirse orgulloso, que era algo que los hombres presumen. Quizá lo oyó por ahí. Lo que yo miro hoy, es que donde quiera que Alejandro esté, se trata de un hombre en sus treintas cuya infancia se vio destrozada, que era un inadaptado y no por su culpa, sino por la culpa de quien le hizo creer que debía presumir su propio abuso. 

No sé si aún viva, no sé qué más le habrá hecho la vida para saber en qué tipo de persona se convirtió. Espero que de alguna forma las cosas mejoraran para él. La última vez que lo vi fue en secundaria, coincidimos en la misma, él iba en la tarde y a los pocos días yo conseguí una permuta para el turno matutino. Coincidimos una vez más en una tardeada, yo ya estaba desarrollada y había otros adolescentes con quienes convivía, él seguía luciendo como el mismo niño de diez años que no era virgen. 

Ojalá nos preocuparamos más por la calidad de vida que tienen las infancias.

viernes, 21 de abril de 2017

My soul

Sometimes my soul goes away. It leaves my body, my heart, my dreams, and my hope... sometimes I want it so far away from me...

I know where it goes.
I can feel when it is breathing from another mouth.
My soul fell in love in a strange world.

I wish I could give it my body, my heart, my life but I have these deep roots and it has those huge wings...

The best thing I could give it is its freedom.

domingo, 21 de agosto de 2016

Miedo

Purgatorio, Gustave Doré

Cuando oscurece tengo miedo de las sombras. Me da miedo ser lo único vivo aquí. Hay una terrible sensación de perder mi alma entre monstruos que se acercan. No puedo cerrar los ojos porque puedo ver sus afilados dientes mordiendo mi carne.
La escopeta no sirve cuando no se sabe quién es el enemigo.  Puedo perderme en este mundo sin que se sepa que ha sucedido, sin un alma que lea las cartas de auxilio, las cartas que están en cada parte de mi piel, de mi cuarto, en cada máquina, en las cuentas… Es un mundo lleno de luces que no iluminan, de gente que momificada se siente viva. ¿Quién se mira?

¿Se puede dormir cuando los sonidos se callan? Son mis oídos sordos en un lugar donde se arrastran los rezos de mis padres. No puedo verlos entre tantas sombras, no hay umbral alguno que pueda avisar que se vive. ¡Qué largas son las noches cuando no se tiene a quién rezar! No hay un Dios que aplaste a los hombres con sus palabras. Son los hombres quienes destrozan el habla, quienes lo reducen como bestias salvajes. No se puede vivir ya en estas noches de hambruna, en la soledad pura sin saber si hoy pereces o sigues viviendo. 

¿Qué juego sería este sin una fecha de caducidad? Todos se quieren divertir jugando, cuando no hay ganador seguro. Cuando los vientos pueden girar repentinamente y derribar los muros donde hemos depositado nuestra existencia. Sigo preguntándome qué hago aquí, como si no se lo hubieran preguntado desde el paso del hombre por el mundo, como si nadie se detuviera a sentir lo absurdo de la realidad. He cuestionado a las sombras pero no responden. Nadie habita mi piel esta noche, nadie sucumbe de dolor ante los dedos rígidos que poco pueden escribir, ante la sangre que llueve en las tormentas. ¿Quién se muere en un lugar donde todos lo están?

Los gritos parecen ahogarse, no puedo callar mi respiración, es un sonido que interrumpe, que taladra todo movimiento sigiloso de las sombras. No puedo callar los latidos de mi corazón, ni la sonoridad de la lluvia. ¿Qué pasa con este cielo que no me deja  descansar? No sé a quién veré cuando la puerta se abra y el silencio termine. No sé si he de vivir con una cruz sobre la frente o descansar con ella en el pecho. ¿A quién se le ocurre que la vida se deba cuidar con zozobra?
¿En qué purgatorio deposito mi alma? No hay cura para los afligidos que se han quedado atrapados entre mil y un abismos. ¿De quién me defiendo cuándo se abra la puerta?

Alejandra Herrera

domingo, 24 de abril de 2016

Sunset

¿Por qué  nos encontramos ahora cuando nuestros brazos abiertos se ausentan con el sol? Nos encontramos para olvidarnos como quien olvida el primer pensamiento de la mañana. Como quien pasa por  las calles sin mirar los detalles...
Nos llenamos de recuerdos para olvidar lo que fue, lo que pasó en una vida con angustias. Dicen que siempre se olvida con el paso del tiempo. Pero el tiempo sólo trae polvo para enterrar los viejos anhelos, para lacerar las vidas que se cortan, las que nacen.
Estamos para no estar. Tus ojos me miraron porque no me verán nunca más. Mis manos te tocaron para no volver a hacerlo. Esa es la nostalgia. Ese es el amor profundo. El que se va, que nunca regresa, que se ahoga en desolación.
Nos miramos para que una noche veamos otros ojos y recordemos los nuestros. Para que con las sonrisas ajenas apretaramos los instantes felices y nos forzaramos a desenterrar el pasado.
El pasado muere junto con nosotros que sólo arrastramos memorias...
Ojalá cada atardecer fuera el mismo con sus manchas multicolores por el cielo, con las flamas que consumen el día para dejar a los astros que nos miren con esa luz que ha viajado por los cielos y que en algún punto se extinguirá. Pero yo me pregunto ¿Te llegará mi luz? Porque me enciendo cada noche enunciando tu nombre, desgasto mi aliento con las flamas que te nombran y tú no respondes. No veo tu luz ni cuando me paro entre las sombras, no puedo oír tu nombre en ninguno de los ecos del silencio.
¿Será mi destino encontrar otros ojos que me miren sonrientes cuando me alejo? Qué es la soledad sino la recapitulación de las ilusiones muertas. Todo muere y se va, se entierra, se pasa bajo nuestros pies hasta llegar al cielo donde las nubes lloran y nos inundan los días, recordándonos que también partiremos hacia la incertidumbre del olvido.

domingo, 17 de abril de 2016

Cometas

¿Qué se llevarán los años de nosotros? Si al pasar el viento, cubren; si al pasar el agua develan y al pasar la juventud, marchitan.

¿Qué cambian los años en la humanidad? ¿Qué es para un ser que no los mira y se envuelve entre la paz y el silencio?

¿Qué es esta vida sin la flor que sale de la tierra? ¿Qué ha sido de ti? Nada. El amor, el ciego, el simple, el autoengaño.

Barcos entre nubes que al pasar la mañana se alimentan en senderos resecos de una cruz que se encaja, que se devela y se arranca. Ancla de los mortales, prisión de los amantes.

¿Dónde estás? Si cuando el Sol abre la mañana no aparecen tus ojos. Sólo están los rezos preocupados de una madre desolada. ¿Dónde estás? Si al cruzar cada sendero tus huellas se borraron, si tu voz se ha vuelto un eco en las memorias del pasado. ¿Dónde estás? Si a cada paso llega el olor de tu cuerpo y el color de tus ojos. ¿Dónde te escondes? ¿En qué lugar postraste tu cobardía?

¿Pensabas en tu madre mientras le arrancabas la ropa? Seguramente. ¿Quién deshojó tu cuerpo? No fue su culpa y lo pagó como si lo hubiera sido. ¿Sigue tu madre rezando por ti? Los murmullos rezan por ti cada día cuando se elevan los cometas, suave frío y sin fe. Sólo estático, sólo de pie, sosteniendo la plegaria al viento. ¿Moriste? Ojalá. Ojalá sólo seas una coraza, un reflejo de lo que fuiste.

¿Sigues llorando a tu amada? Seguramente la recuerdas acostada sobre la cama, mientras reían, mientras hablaban de los hijos que no tuvieron, las horas que no pasaron caminando, hablando o intimando. Lloraron por la estupidez de los ciclos, de la vida y de la humanidad. Lloraron por la noche en que sus manos se tomaron y por la mañana en que se soltaron.

Se elevaron como cometas, tan lentos sobre el viento. Volaron mientras las manos se comían las ansias de tocarse, volaron con los cantos de las amantes, la que ganaba y la que perdía.
Mientras los años vuelan, la vida renace

martes, 5 de enero de 2016

Perdón

Encarné el sueño que siempre debí tener,
Encontré de cerca el rostro que anhelé,
Miré con profundidad el silencio de su alma,
abracé con mis besos el aliento de su cuerpo,
Sorprendí con una sonrisa a todos sus rencores,
Elevé en un suspiro a nuestras almas atrapadas,
Grité la paz mientras caíamos con los recuerdos.
Lo perdoné como perdonan los sabios,
Vi a mi dolor como se mira a la vida,
Sostuve mis cicatrices como una madre a sus hijos,
Froté nuestros silencios como el mar a los barcos.
Lo amé,  como solo yo supe amar.
Lo perdoné a él, a su sombra clara;
Lo perdoné a el y a sus fantasmas ;
Lo perdoné a él y a todos los que fueron como él.
Se consumió el rencor, la ira, la nostalgia...
Se evaporó el dolor con las noches de lluvia,
se largaron la desesperanza y las angustias.
Nos acabamos nuestra historia,
partimos con lo que fuimos y lo que pudimos ser.

jueves, 1 de octubre de 2015

Olvido

Y nos arrancamos la piel, las entrañas,
nos hundimos en dolor profundo,
nos hacemos de pocas cosas,
nos deshacemos entre todo.
Nos alejamos, nos olvidamos,
nos dejamos de tocar,
ya no existimos y,
volvemos a aparecer entre la gente.
Solos, vacíos, sin fe, sin encuentro

volvemos a aparecer en distintos caminos...

Nos tocamos, nos besamos, nos olvidamos...



sábado, 22 de agosto de 2015

El café




Era curioso cómo el calor disfrazaba el río en un camino inerte, pero llegaba la temporada de lluvia y el frío se levantaba con sus aguas. Se hacía pedazos entre nuestras manos unidas. Nos soltábamos para caminar despacio a la cocina, esa vieja estufa que necesitaba de los cerillos, no tenía mucho que pedirle a las modernas, porque su calidez pasaba de la flama hasta la olla de barro, al agua y a los granos de café.

De esos tiempos solo queda una bolsa de papel con café en su interior. De esas tierras, el aroma. Ahora son mis manos cansadas las que toman los granos y los llevan al agua; que el dulzor, fragancia y textura me lleven a unos ojos de tierras lejanas.

domingo, 26 de julio de 2015

Tus pies

Ya no quiero
que tus pies y los míos pisen el mismo suelo,
cada vez que te acercas, me rompes el alma.

Te gusta embriagarte de este dolor que dejas,
te gusta mojarte las manos de la sangre que se pinta de lágrimas.
Me haces pedazos con tu presencia.

Yo te encontré ahí, en ese suelo tan mío,
te hallé
para toda la vida,
pero qué sabes tú de eso.
Tú no sabes echar raíces.

Vete.
Vete ya.
Olvídate de las despedidas,
ya no vuelvas.
Ya no pongas tus pies cerca de los míos,
ya no pises este suelo.

jueves, 24 de abril de 2014

Despedidas...

Hay cientos tipos de despedidas cual número de humanos hay en este mundo. Las hay con un hasta pronto, donde la vida sin rodeos los junta; también los "nos vemos", con un poco de flojera y sin energía hasta que una fuerte ventisca tiene que estamparles el rostro. Existen para enamorados, para los amigos que se van, se quedan sin verse más o los que amamos y parten a un plano sideral. 
Todas tienen un hasta luego implícito, aún los "hasta nunca" lo tienen en el fondo, a pesar de que son los que desgarran la existencia.


martes, 17 de septiembre de 2013

Anhelo

Y sin embargo se resigno a quererlo, con suspiros de lamento, con nostalgias amargas. La edad arremete violenta entre sus poros, sus ojos nublados, su flaqueza enferma... se resigno a ser querida en lugar de amada. Se conformo con la locura.

Renuncio a ser ave que vuela alto, ya no es el mar que explota en las olas. Es corazon cansado y devastado queriendo ser volcan.

martes, 28 de mayo de 2013

Historias

Alejandra Rizo






 Inicia con un acto... lento o rápido, pero siempre fluye. Al final pasa... porque al fin todo pasa.
Así suceden las historias.

domingo, 17 de marzo de 2013

Líneas

Y fue así que miró hondamente en sus letras y no encontró el corazón en ellas.
Como abismos desesperantes hundió su dolor,
Cual ave sin alas se postro en el suelo a esperar.
No Esperó nada, no dijo nada y su soledad aclamó dulzura
aclamo esperanza...
Suspiró y pensó, lloró y sintió...
qué desventaja ante la vida.

martes, 29 de enero de 2013

Margarita



Margarita, la más común de las flores, la mujerzuela de todas ellas, que recoge sus pétalos con las ásperas hojas que deshilan su moral. Margaritas que derraman sus mieles en los incansables abejorros. Margaritas como todas, excepto por Margarita, quien quiere ser panal, quiere tener el vientre lleno, las entrañas dulces, los abismos iluminados del sutil marrón de sus raíces…


Margaritas se quedan viejas por doquier, sus pétalos se corroen con el viento arisco de los prados, Margarita quebranta su existencia con el dulce caer de las hojas, con el crujido de sus pasos por la tierra del campo, la dulce melodía de un sacrificio por la vida misma. Terror y dulzura embriagan el invierno; pasión y calor los días de primavera, pero no hay más verdor que en los días de verano. 


Es normal, Margarita, es normal. Tus pétalos caen, tus hojas se estremecen, tu cuerpo se dobla. No serás panal más que en tus sueños, no serás abeja, ni tendrás el dulce elixir de la belleza. Eres flor, como cualquier otra.


Alejandra Rizo