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viernes, 26 de diciembre de 2014

Los defectos del amor

Era un imbécil, testarudo y megalómano. Detestaba las bromas, los chistes. Se tomó muy en serio el papel de crecer. Aunque solía olvidar su edad, en esos momentos extraños donde el alcohol invadía sus venas, lo olvidaba todo. Me olvidó fácilmente, como quien tira un centavo a la calle. Sí, a veces crecía demás y quería atarme a su seriedad, pero luego sus ojos me pedían a gritos soportar una adicción vulgar y corriente.

Fumador rehabilitado, trotamundos atado a la pata de la cama. Se le olvidaron los sueños del pueblito aquél, del ranchito lejano. Fue un diente de león que se hizo mil pedazos cuando el viento sopló.

Alejandra Rizo.
fotografía: http://blogsdelagente.com/blogfiles/obscurabuenosaires/linearoca.jpg

miércoles, 1 de octubre de 2014

El fin de mes




El pago del mes había llegado a mi puerta. Había acordado con La-Lupe, como le conocían los del barrio,  que iríamos de compras tan pronto como eso sucediera. Estaba un poco nerviosa, era una charla entre dos amigas solteras y borrachas. Estaba convencida que era lo necesario.
Una debería sufrir por amor y no por sexo. Conocer penes de distintos tamaños y sensaciones de presencia descomunal –afirmaba ella –debía ser igual de bueno como para un hombre conocer distintas vaginas. Ser mujer es complicado, una se puede creer lo feminista que sea, o al menos es mi caso, pero llega el momento de enfrentar a la familia y da un poco de miedo ser tan independiente, así que a agachar la cabeza y portar un papel sumiso. En realidad no es un problema del feminismo o machismo, sino algo totalmente mío.
Siendo mujer hay tanto por hacer en nuestras cavidades. Sinceramente ya estaba harta de frotarme el clítoris para todo. Y no es lo mismo la penetración de los dedos que el de un cuerpo fuerte, grande y agresivo como el de un varón. Si el galopeo la hace a una vibrar de emoción. A falta de un toro al cual domar, comencé a experimentar boca arriba, con la almohada, en la regadera, con los ojos cerrados, abiertos, en la esquina de la cama, en el buró, sobre la lavadora, con las piernas cerradas, abiertas, dobladas, viendo porno (lésbico, gay, interracial, bondage, hentai, etc.), con el chocho depilado o peludo, con mi mano izquierda, con mi mano derecha y llegué a cansarme. El clítoris está muy bien, pero faltaba eso… la vibración. Satisfacía mi cuerpo: a la vulva, a los pezones, las piernas y hasta a las nalgas, pero olvidaba a la vagina. ¿Cómo es que podía darle acceso al pene, pero no a mí misma? Digo, la vagina es mía, puedo entrar y salir cuando quiera.
Lupe lo comprendió al instante, aunque no opinó. Simplemente realizó la cuenta regresiva hasta el día de hoy. Así que señorita… ¿podría darme un lubricante con olor a fresa, un desinfectante y un dildo de tamaño mediano, suave y con un color divertido?

Alejandra Rizo.

viernes, 29 de agosto de 2014

Orillados

Aquí estamos en un amplío palpitar del corazón, explotará seguramente en un millar de trizas. Ya no importa. ¿Qué más da si fue su culpa o la mía? Parecía un poema perfecto, declamado por una varonil voz francesa, con ese acento perfecto. El viento soplaba tan calmo, tan seductor, la luna nos daba el permiso, mientras nos ocultaba del sol. Sí, la noche se veía perfecta, las luciérnagas emitían chillidos tan rítmicos como nuestra respiración.

Las piernas nos temblaban y, ciertamente, no han dejado de hacerlo. Teníamos los ojos de la noche puestos en nosotros. La esperanza de un destino seductor que levantaría el vuelo tras cien mil orgasmos simultáneos de los habitantes del planeta. Sí, fue perfecto hasta que llegó la policía.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El artista

Miraba en sus ojos una sonrisa espeluznante y es que jamás se percató de que lo único que había era un reflejo en el inerte iris de un cadáver. Nunca pudo apreciar la sensibilidad de lo que resguardaba en su alrededor, estaba tan preocupada pensando en la muerte que cuando el tiempo dio un chasquido de dedos: su momento había llegado.

Qué triste la soledad de un alma que tras el silencio de una noche iluminada se confinó a preguntarse la razón de su infelicidad. Búsqueda insensata e inestable que al parpadeo le roba las miradas y los anhelos. Teniéndolo todo sigue perdiendo el tiempo con un sentimiento inicuo.
Alejandra Rizo


Imagen extraída de http://imexpar.com/index/images/articulos/mandalas6.jpg

domingo, 26 de agosto de 2012

Profundo


Siempre fue muy excéntrico, incluso ahora que la muerte se aproxima, nunca creyó en la reencarnación, como el resto del pueblo y para provocarles más eligió un funeral vikingo. Siempre oró por una muerte lenta y dolorosa, para disfrutar el último respiro de su cuerpo.  Ahí estaba en la vieja choza bajo la tormenta, agonizando perniabierto sobre la vieja cama. Con sus ojos rasgados casi cerrados, me preguntó:

-¿qué habrá en las profundidades del mar?

-Estrellas.
Alejandra Rizo