Aquí estamos en un amplío palpitar del corazón, explotará seguramente en un millar de trizas. Ya no importa. ¿Qué más da si fue su culpa o la mía? Parecía un poema perfecto, declamado por una varonil voz francesa, con ese acento perfecto. El viento soplaba tan calmo, tan seductor, la luna nos daba el permiso, mientras nos ocultaba del sol. Sí, la noche se veía perfecta, las luciérnagas emitían chillidos tan rítmicos como nuestra respiración.
Las piernas nos temblaban y, ciertamente, no han dejado de hacerlo. Teníamos los ojos de la noche puestos en nosotros. La esperanza de un destino seductor que levantaría el vuelo tras cien mil orgasmos simultáneos de los habitantes del planeta. Sí, fue perfecto hasta que llegó la policía.
viernes, 29 de agosto de 2014
sábado, 10 de mayo de 2014
No me toques...
No me toques cuando me veas con las espinas en la piel,
no me toques rápido, ni lento, simplemente no me toques.
No te acerques con las garras de cobre, que desgarras mi alma.
Pero tócame cuando me mires sobre hojas secas,
tócame cuando no lo sienta.
Tócame cuando veas mis labios callados y mis ojos ausentes.
Alejandra Rizo
no me toques rápido, ni lento, simplemente no me toques.
No te acerques con las garras de cobre, que desgarras mi alma.
Pero tócame cuando me mires sobre hojas secas,
tócame cuando no lo sienta.
Tócame cuando veas mis labios callados y mis ojos ausentes.
Alejandra Rizo
jueves, 24 de abril de 2014
Despedidas...
Hay cientos tipos de despedidas cual número de humanos hay en este mundo. Las hay con un hasta pronto, donde la vida sin rodeos los junta; también los "nos vemos", con un poco de flojera y sin energía hasta que una fuerte ventisca tiene que estamparles el rostro. Existen para enamorados, para los amigos que se van, se quedan sin verse más o los que amamos y parten a un plano sideral.
Todas tienen un hasta luego implícito, aún los "hasta nunca" lo tienen en el fondo, a pesar de que son los que desgarran la existencia.
Todas tienen un hasta luego implícito, aún los "hasta nunca" lo tienen en el fondo, a pesar de que son los que desgarran la existencia.
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